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Espero haber mostrado, através de toda la página web, muchas de las pasiones y algunas de las facetas de mi personalidad como para justificar haberle puesto mi nombre a la Cabaña y al lugar donde trascurre mi existencia.
Creo que queda claro que Carlos Sackmann Muriel es Casamú y que también Casamú es Carlos Sackmann Muriel.
Durante varias partes de este relato mencioné que uno de los objetivos de mi vida fue la búsqueda de la excelencia. Ese objetivo de vida sigue siendo igual pero está cambiando el direccionamiento. Hasta ahora, siempre que lo mencioné me refería a lo material, a lo tangible y creo que ha sido muy bueno el estímulo que ese sentimiento provocó en mi proceder creativo.
Luego de haber vivido varios años y creyendo estar comenzando a transitar la madurez de la vida ese objetivo de buscar la excelencia sigue manteniéndose igual pero me estoy dando cuenta que el motivo es otro. Así como les mencioné que el 70% de lo que vemos de un animal es producto del medio ambiente así también percibo que fue mi impulso de la búsqueda de la excelencia en lo material. Presiento que ese afán no perdurará en el tiempo y solamente habrá alimentado a mi sensación del deber cumplido que se extinguirá con mi vida. Fatuidades.

Hoy estoy cambiando mi manera de ver y ya estoy trabajando para el 30% que ya mencioné que al igual que en los animales es la parte que trasciende, que se hereda. Es lo único que me llevaré a la eternidad pues es mi propia esencia. Como seres imperfectos e inconclusos que somos la excelencia a la que tendamos y el perfeccionamiento que hagamos en nuestro ser trascendente será lo único que realmente nos acercará a la perfección, valga la redundancia, por lo que estaremos más cerca del ser perfecto que es Dios. Así seremos bienvenidos y permaneceremos para siempre en la eternidad y seguramente habrá dejado frutos a los que nos rodearon y amaron al igual de lo que sucede entre un animal y su dueño si logramos hacerlo de una genética más productiva.

 

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